Eduardo Nagore Enguídanos es médico dermatólogo, jefe clínico del Servicio de Dermatología de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO) e investigador y profesor asociado en la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir. Especializado en el estudio, diagnóstico y tratamiento del melanoma cutáneo, es investigador principal del centro en los consorcios internacionales GenoMEL, MelaNostrum y SENTIMEL, y del Registro de Melanoma de la AEDV. Su proyecto PROMETEO, financiado por la Generalitat Valenciana, investiga el melanoma que aparece en pacientes sin ningún factor de riesgo conocido, describiendo una nueva vía etiopatogénica mediante secuenciación masiva.
Se protegían del sol. No tenían lunares atípicos. No había antecedentes familiares. Hacían lo correcto. Y aun así, el melanoma apareció.
Ese es el enigma que lleva años persiguiendo Eduardo Nagore. No el melanoma de quien tomó el sol sin protección durante décadas, ni el de quien tiene una predisposición genética conocida. Sino el otro: el que surge en personas que no encajan en ningún perfil de riesgo, que no deberían estar en la consulta de oncología, y que sin embargo están.
Aproximadamente un 15% de los melanomas aparecen en personas sin factores de riesgo identificables. No es un número pequeño. En España se diagnostican alrededor de 8.000 casos nuevos al año. Ese 15% son más de mil personas que cada año se enfrentan a un diagnóstico que la ciencia todavía no sabe explicar del todo.
Nagore lleva años intentando explicarlo.
El melanoma es el cáncer de piel más peligroso. A diferencia del carcinoma basocelular o el espinocelular, que raramente hacen metástasis, el melanoma puede diseminarse con rapidez y convertirse en un tumor sistémico difícil de controlar. La clave para combatirlo es detectarlo a tiempo: el melanoma ha pasado de detectarse en fases avanzadas, con características asociadas a un pronóstico grave, a diagnosticarse en muchos casos en estadios muy iniciales, gracias a la concienciación social y al desarrollo de herramientas diagnósticas como la dermatoscopia digital y la microscopía confocal.
Pero detectarlo antes no basta. Para prevenirlo hay que entenderlo. Y cuando el tumor aparece en alguien sin factores de riesgo conocidos, el camino hacia la comprensión empieza por una pregunta incómoda: ¿qué lo ha causado?
El proyecto PROMETEO lidera la caracterización molecular del melanoma cutáneo no acral en pacientes sin factores de riesgo conocidos, utilizando tecnologías de secuenciación de nueva generación para identificar biomarcadores y describir una nueva vía etiopatogénica. Es decir: leer el ADN del tumor con una resolución sin precedentes para encontrar las huellas que dejó su origen, aunque ese origen no sea el sol.
Eduardo Nagore no trabaja solo. Trabaja en red. Es investigador principal del centro en GenoMEL, el mayor consorcio mundial de genética del melanoma, y en MelaNostrum, el consorcio mediterráneo que estudia específicamente cómo se comporta este tumor en poblaciones de piel oscura y alta exposición solar, históricamente subrepresentadas en la literatura científica.
Esa dimensión colectiva importa. El melanoma no se entiende igual en Australia que en España. La genética de los tumores, los patrones de mutación, los perfiles de riesgo difieren. Y construir conocimiento específico para poblaciones mediterráneas —para nuestra forma de vivir, de exponernos al sol, de tener la piel que tenemos— es una tarea que Nagore viene haciendo desde Valencia con proyección internacional.
Lo que hace singularmente valioso el trabajo de Nagore sobre el melanoma sin factores de riesgo es su potencial para cambiar la forma en que concebimos la prevención. Si el sol no es la única causa, entonces la protección solar, siendo imprescindible, no es suficiente. Hay otros mecanismos en juego. Otras mutaciones. Otras vías moleculares que esperan ser descritas.
La secuenciación masiva está permitiendo leer el genoma tumoral con una precisión que hace apenas diez años era inimaginable. Cada tumor tiene una firma molecular única, un conjunto de mutaciones que cuenta su historia: qué lo originó, cómo evolucionó, a qué tratamientos podría responder.
Descifrar esa historia en el melanoma sin causa aparente es el trabajo que Eduardo Nagore lleva a cabo desde el IVO, con la paciencia de quien sabe que las preguntas más difíciles son también las más necesarias. Porque detrás de ese 15% de casos inexplicables hay personas reales que merecen respuestas. Y una ciencia que no descanse hasta encontrarlas.