Meuri del Camino de Juan Romero es doctora en Neurociencia e investigadora principal en FISABIO en el Hospital General Universitario de Elche, donde dirige el laboratorio de Neurobiología Molecular y Cáncer, integrado en el Instituto de Investigación, Desarrollo e Innovación en Biotecnología Sanitaria de Elche (IDiBE-UMH). Ha trabajado en centros de investigación destacados de España (Instituto de Neurociencias de Alicante, Universidad Complutense de Madrid y CIMA de Pamplona) y el extranjero; donde se incluyen los Institutos Heinrich Pette (Hamburgo, Alemania), Max Planck ( Gotinga, Alemania) y Karolinska (Estocolmo, Suecia). Durante su trayectoria investigadora, se formó en campos que van desde el desarrollo del cerebro, entrega dirigida de fármacos mediante nanopartículas y la oncología hasta centrarse en el glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo que existe.
Quince meses. Esa es la supervivencia media de un paciente con glioblastoma después del diagnóstico. Y ese número no ha cambiado de forma significativa en las últimas dos décadas, a pesar de todos los avances de la medicina moderna.
El glioblastoma es un tumor cerebral primario que crece deprisa y se infiltra en el tejido sano que lo rodea. Después de la cirugía y los tratamientos, frecuentemente termina formando un nuevo tumor que resulta ser resistente a la radioterapia y a la quimioterapia, lo que hace que sea difícil de eliminar y aumente la mortalidad. Que el cerebro sea su campo de batalla solo hace que complicar su tratamiento.
Entender esa complejidad y desarrollar terapias más efectivas es el foco de investigación de Camino de Juan y su grupo.
El cerebro es un órgano complejo, con una diversidad de células que hace que las células tumorales también sean variables, así como su respuesta a los tratamientos. Las barreras que tan eficientemente lo protegen, impiden por otro lado la llegada de ciertos fármacos. Además, cada milímetro posee información valiosa que hace que las cirugías tengan que ser de lo más conservador ya que eliminar un poco mas de tejido puede suponer al paciente pedir una habilidad valiosa en su vida diaria.
El laboratorio de Camino de Juan tiene en cuenta esa heterogeneidad tumoral y busca dianas terapéuticas e inhibidores específicos para ellas mientras desarrolla sistemas dirigidos de entrega de fármacos que sean más eficientes.
Lo que hace su enfoque singular es el punto de partida: años investigando cómo se forma y se pliega el cerebro durante el desarrollo embrionario, en una variedad de especies que van desde serpientes, pollos, ratones, ovejas y hurones hasta primates y humanos. Esa formación profunda en neurobiología le dio una perspectiva que pocos oncólogos tienen: la de alguien que conoce el cerebro sano desde dentro, y puede reconocer con precisión qué ocurre cuando algo lo subvierte.
Una de las líneas más prometedoras del laboratorio tiene que ver con una enzima llamada CDK4. En condiciones normales, esta proteína regula la división celular. Pero en el glioblastoma, la enzima CDK4 está presente en niveles más altos de lo normal y actúa como motor que acelera el crecimiento de las células cancerosas.
El equipo de Camino de Juan, en colaboración con la Universidad Miguel Hernández, ha identificado varias moléculas que podrían frenar la proliferación celular que conduce al crecimiento de estos tumores. Los compuestos identificados podrían ser candidatos para el desarrollo de terapias basadas en el bloqueo de CDK4, y han dado lugar a una solicitud de patente.
El camino hasta convertir esas moléculas en fármacos aprobados es largo. Requiere años de estudios preclínicos y clínicos. Pero encontrar el punto débil del enemigo es siempre el primer paso.
El laboratorio de Camino de Juan utiliza los exosomas tumorales, pequeñas vesículas liberadas por las células, no solo como caballos de troya capaces de hacer una entrega mas dirigida y eficiente de fármacos. En un cáncer donde la detección temprana, y seguir su evolución sin necesidad de nuevas biopsias cerebrales, puede cambiar la vida de los pacientes; el laboratorio usa exosomas como fuente de biomarcadores. Estas vesículas pueden obtenerse a partir de muestras de sangre, orina o saliva, lo que permitiría incorporar su análisis de manera rutinaria para detectar el glioblastoma en etapas tempranas o evaluar la eficacia de los tratamientos de forma no invasiva.
Una biopsia líquida. Un análisis de sangre que diga lo que está pasando dentro del cráneo. Para un tumor tan difícil de alcanzar y tan rápido en cambiar, esa capacidad de monitorización continua podría marcar la diferencia entre llegar a tiempo y llegar tarde.
La ciencia de Camino de Juan no busca milagros. Busca semanas más, meses más, calidad de vida más. Busca que esos quince meses se conviertan en dieciséis, en veinte, en muchos más. Y lo hace desde Elche, con la determinación de quien sabe que detrás de cada dato hay una persona esperando que la ciencia llegue antes que la enfermedad.