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Nostra Ciència

Eugenio Coronado Miralles

Carrera:

Eugenio Coronado Miralles (Valencia, 1959) es catedrático de Química Inorgánica en la Universitat de València y director del Instituto de Ciencia Molecular (ICMol) desde su fundación en el año 2000. Doctor en Ciencias Químicas por la UV y doctor en Ciencias Físicas por la Université Louis Pasteur de Estrasburgo, su investigación se sitúa en la frontera entre la física, la química y la ciencia de materiales. Es uno de los pioneros mundiales del magnetismo molecular y la espintrónica molecular, y lidera líneas de investigación orientadas a tecnologías cuánticas, electrónica molecular y materiales bidimensionales. En 2025, figura entre los 100 investigadores más citados de España y en el 2% de científicos más citados del mundo según el ranking de Stanford.

La materia que piensa

Hay un momento, en ciertos laboratorios, en que la ciencia deja de parecerse a la ciencia tal como la conocemos. No hay explosiones ni reacciones vistosas. Solo luz, silencio y moléculas. Y sin embargo, en ese espacio aparentemente quieto, algo extraordinario ocurre: la materia empieza a comportarse como si pensara.

No es metáfora. Es física y química. Y es, en esencia, la historia de lo que Eugenio Coronado lleva décadas construyendo desde Valencia.

Catedrático de Química Inorgánica en la Universitat de València y director del ICMol, Coronado ha liderado a escala internacional durante los últimos veinticinco años la investigación en magnetismo molecular, un área estrechamente relacionada con tecnologías como la espintrónica molecular y la computación cuántica molecular. Es, además, el único científico en España que ha recibido la Medalla de dos reales sociedades: la de Química y la de Física. La razón la explica él mismo: trabaja en la frontera entre ambas disciplinas. Una frontera que, a escala nanométrica, sencillamente desaparece.

Entre física y química: un territorio sin fronteras

A escala nanométrica, el control de la materia a nivel molecular permite fabricar materiales con propiedades completamente nuevas utilizando materias primas de siempre. No hace falta utilizar elementos caros o geoestratégicos. Basta con reordenar, con ensamblar elementos abundantes —como el carbono, el nitrógeno o el oxígeno, o metales como el hierro o el niquel— de maneras que nunca antes habían existido en la naturaleza.

El grupo de Coronado en el ICMol ha diseñado y obtenido materiales moleculares imposibles que combinan propiedades incompatibles como el magnetismo y la superconductividad, o que responden a estímulos externos como la luz, la presión, la temperatura, o los campos eléctricos o magnéticos. Son materiales inteligentes que reaccionan al mundo. Y esa capacidad de responder, de transformarse ante un estímulo externo y de controlar esta capacidad en la escala nanométrica, es la semilla de las nuevas tecnologías que ya se están diseñando en el Parc Científic de la Universitat de València.

Su trabajo ha sido citado por otros científicos de todo el mundo decenas de miles de veces: una medida, quizás la más honesta, de cuánto importa lo que hace a quienes trabajan en el mismo campo.

La apuesta por lo cuántico y por el cerebro

La computación cuántica es hoy una de las carreras tecnológicas más intensas del planeta. El enfoque dominante usa átomos fríos o circuitos superconductores para construir los llamados qubits, los bits del mundo cuántico. Son sistemas potentes pero enormemente complejos de fabricar y escalar. El grupo de Coronado trabaja en una alternativa más elegante: los qubits moleculares. Su trabajo plantea una aproximación molecular que permitiría construir bits cuánticos más robustos en una plataforma escalable. Las moléculas, diseñadas con precisión química, son idénticas entre sí, reproducibles a escala masiva. La química, aquí, no es un medio. Es la tecnología.

Pero quizás el proyecto más sugerente en el que trabaja hoy el ICMol mira en una dirección inesperada: el cerebro humano. El cerebro no procesa información como un ordenador. Aprende directamente, se adapta, cambia sus conexiones en función de la experiencia. Y lo hace con una eficiencia energética que ningún chip fabricado por el ser humano ha logrado aproximar. Coronado ha obtenido una ayuda del European Research Council para desarrollar una nueva generación de dispositivos electrónicos inspirados en el funcionamiento del cerebro, con aplicaciones en reconocimiento de imágenes, procesamiento de señales biomédicas y sensores inteligentes de bajo consumo, con el objetivo de desarrollar una inteligencia artificial más rápida, compacta y sostenible.

Construir comunidad desde Valencia

La ciencia de Eugenio Coronado no ocurre en el vacío. Ocurre en un ecosistema que él mismo ha contribuido a construir con décadas de trabajo colectivo. En 1992 impulsó la creación de una comunidad científica en materiales moleculares en España, y en 2007 puso en marcha una comunidad en nanociencia molecular que integraba químicos, físicos e ingenieros experimentales y teóricos. Para consolidarla, creó un Máster Interuniversitario en Nanociencia y Nanotecnología Molecular. El ICMol, que dirige desde su fundación, es hoy Unidad de Excelencia María de Maeztu y un nodo relevante del mapa mundial de la nanociencia. En magnetismo y espintrónica molecular, Europa es pionera muy por delante de Estados Unidos y Japón, y parte de esa historia se ha escrito aquí.

Hay algo profundamente transformador en la idea de que las propiedades fundamentales de la materia puedan diseñarse. Que una molécula pueda ser magnética, conductora o luminiscente según cómo se ensamble. Que un material pueda aprender, recordar, responder.

Todo eso empieza en un laboratorio en Valencia, donde alguien lleva décadas mirando a las moléculas con una pregunta que no deja de renovarse: ¿y si la materia pudiera hacer algo que todavía no hemos imaginado? La respuesta, casi siempre, sorprende. Y esa capacidad de sorprender es, quizás, la señal más clara de que la ciencia avanza en la dirección correcta.

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