María Ángeles Juanes Ortiz es doctora en Bioquímica y Biología Molecular por la Universitat de València (2008) e investigadora principal y jefa de grupo en el Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) de Valencia, donde lidera el laboratorio de Migración Celular, Invasión Tumoral y Metabolismo del Cáncer. Tras estancias postdoctorales en la Universidad de Cambridge, el Instituto A-STAR de Singapur, el CNRS en Francia en Marsella y Montpellier, y la Universidad Brandeis en Massachusetts, inició su carrera como investigadora principal en la Universidad de Teesside (Reino Unido). En 2022 regresó a España gracias a la financiación CIDEGENT del Plan GenT de la Generalitat Valenciana. Cuenta con el reconocimiento R3 como Investigadora Establecida por el Gobierno de España y el título de Profesora Asociada Honoraria de la Universidad de Teesside, el más alto otorgado a investigadores en el Reino Unido.
Hay algo perturbador en la forma en que el cáncer se mueve. No ataca desde fuera. No llega de ningún lugar extraño. Surge de dentro, de las propias células del cuerpo, que un día deciden ignorar las reglas que las mantienen en su lugar y empiezan a desplazarse. A invadir. A colonizar tejidos que no les pertenecen.
Ese movimiento dinámico —silencioso, molecular, invisible a simple vista— es exactamente lo que estudia María Ángeles Juanes. Una célula en marcha es más peligrosa que una célula en reposo.
Porque detener el cáncer, a veces, empieza por entender cómo se desplaza.
Dentro de cada célula existe una red de filamentos que le da forma, le permite moverse y organiza su división. Es el citoesqueleto: el andamiaje interno que sostiene la vida celular. En condiciones normales, ese andamiaje obedece señales precisas. Pero cuando algo falla, cuando ciertos genes se alteran, ese mismo sistema puede convertirse en el motor de la invasión tumoral.
La doctora Juanes ha demostrado que el gen APC —Adenomatous polyposis coli— facilita el ensamblaje de los filamentos de actina en la célula, y que esta actividad es esencial para la correcta adhesión y migración celular. El cáncer colorrectal es la tercera causa de muerte a nivel mundial, y en el 85% de los casos están asociados a alteraciones de ese gen.
La imagen que usa ella para explicarlo es reveladora: «El movimiento celular es vital, pero un movimiento exagerado, o incluso a velocidad normal pero en dirección incorrecta, puede resultar en invasión y consecuentemente metástasis, ya que las células podrían perderse durante su viaje, o llegar demasiado rápido donde ni siquiera les tocaría estar.»
Un GPS celular que se desajusta. Y en ese desajuste, el peligro.
La trayectoria de María Ángeles Juanes es la de una científica que ha construido su conocimiento en los mejores laboratorios del planeta. Empezando por Valencia, siguió su investigación en Cambridge, Singapur, Montpellier, Marsella, Massachusetts, Teesside. Años de aprendizaje acumulado en instituciones de referencia mundial, con una pregunta de fondo: ¿cómo se mueven las células, y qué ocurre cuando ese movimiento se tuerce?
En 2022, con la financiación CIDEGENT del Plan GenT de la Generalitat Valenciana, decidió traer toda esa experiencia de vuelta. Estableció su laboratorio en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia: un equipo multicultural y multidisciplinario que combina genética, bioquímica, biología celular, microscopía avanzada e inteligencia artificial para descifrar los mecanismos moleculares que hacen posible la invasión tumoral.
El laboratorio identifica nuevas firmas genéticas y biomarcadores, incluyendo metabolitos, para la detección temprana de enfermedades oncológicas y el desarrollo de terapias personalizadas, empleando herramientas que van desde proteínas reconstituidas hasta modelos murinos in vivo.
Gracias al proyecto CIDEGENT recientemente se ha abierto la puerta a estudiar otra línea de investigación. Esta consiste en atacar a la célula cancerígena que se ha perdido por el camino. Atacar a la célula mala per se, independientemente de atacar al andamiaje interno que la sostiene y la ayuda a moverse.
Imaginar que queremos evitar que una mala hierba o planta venenosa se multiplique y florezca donde no debe. Debilitando la hierba o planta (desde su interior) evitaremos que se nutra de sus raíces, haremos que se ‘seque per se’, que se muera y con ello, que no se mueva, aunque no cortemos sus raíces. Se facilitaria el eliminarla de su nicho, lo cual incluso favorecería que el resto de hierbas (buenas) se nutran, respiren y florezcan mejor, sin nada ‘toxico’ ni perturbador a su alrededor.
El equipo ha descubierto una nueva molécula que inhibe la DHODH, una enzima que las células cancerosas utilizan como motor para producir los materiales que necesitan para crecer, presentando un nuevo enfoque para frenar el cáncer al interrumpir el suministro de los componentes esenciales – o bloques de la vida – que las células necesitan para producir ADN y multiplicarse.
A diferencia de fármacos existentes, la nueva molécula protege las mitocondrias, manteniendo la producción de energía y la respiración celular normales. Gracias a su mecanismo innovador, estos hallazgos podrían sentar los pilares para nuevos tratamientos contra el cáncer y posibles terapias para enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple.
Cuatro décadas de intentos fallidos con inhibidores de esa enzima. Y una investigadora valenciana que encuentra, desde el CIPF, un camino más seguro y más preciso.
El laboratorio de María Ángeles Juanes no mira solo al presente. Mira al cáncer que aún no se ha declarado, a los biomarcadores que podrían detectarlo antes de que cause daño, a las terapias personalizadas que podrían tratarlo sin destruir lo que está sano.
Es una forma de entender la investigación oncológica que no se conforma con atacar el tumor cuando ya es visible. Que prefiere aprender a leerlo cuando todavía es una posibilidad, cuando las células apenas empiezan a perder el norte.
Porque a veces, la mejor medicina no es la que cura. Es la que llega antes de que haya nada que curar. Es la que te ayuda a vivir mejor.