José Manuel Sarabia Marín es profesor titular del Área de Educación Física y Deportiva en la Universidad Miguel Hernández de Elche e investigador principal del Grupo de Investigación en Ejercicio Físico para la Salud en ISABIAL. Su trabajo se centra en el efecto del ejercicio físico sobre la salud cardiovascular, en particular en pacientes con cardiopatía isquémica e insuficiencia cardíaca, con especial atención a la función endotelial y los mecanismos biofisiológicos asociados. Lidera el proyecto ENDO-R, financiado por la Generalitat Valenciana y el Instituto de Salud Carlos III, que evalúa el efecto de diferentes métodos de rehabilitación cardiaca sobre la función endotelial en pacientes con cardiopatía isquémica.
Los médicos llevan décadas diciéndolo: hacer ejercicio es bueno para el corazón. Lo dicen las guías clínicas, lo dicen los cardiólogos, lo dicen los estudios. Y es verdad. Pero durante mucho tiempo, esa recomendación se quedaba ahí, en lo general, sin entrar en lo particular. ¿Qué tipo de ejercicio? ¿Con qué intensidad? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Para qué tipo de paciente?
Porque no es lo mismo caminar media hora que hacer series de esfuerzo intenso con recuperación. Y , en algunos casos, elegir mal no es solo ineficaz. Puede aumentar los riesgos.
José Manuel Sarabia lleva años trabajando para convertir esa recomendación genérica en una prescripción precisa. Para que el ejercicio deje de ser un consejo y se convierta en un tratamiento con dosis, pauta y mecanismo de acción conocido.
En el centro de su investigación hay una estructura que la mayoría de las personas nunca ha oído nombrar pero que determina, en buena medida, la salud de sus vasos sanguíneos. Se llama endotelio: la finísima capa de células que tapiza el interior de las arterias y venas.
Los vasos sanguíneos están recubiertos por una capa interna llamada endotelio, que es fundamental para su correcto funcionamiento. Esta capa es la que permite que los vasos se dilaten y se adapten al flujo de la sangre. Cuando el endotelio funciona bien, los vasos responden con flexibilidad. Cuando se deteriora — por el sedentarismo, la inflamación crónica, el tabaco o la acumulación de placas de grasa — los vasos se vuelven rígidos, la circulación se resiente y el riesgo de infarto o ictus aumenta.
La buena noticia es que el ejercicio físico puede revertir ese deterioro. La pregunta es cuál.
El equipo investigador analizó la evidencia disponible de 37 estudios que incluyen a más de 6.800 pacientes adultos con enfermedad coronaria o insuficiencia cardiaca, comparando distintas modalidades e intensidades de ejercicio, incluyendo entrenamiento aeróbico moderado, entrenamiento interválico de alta intensidad, ejercicio de fuerza y programas combinados.
El resultado fue claro: el ejercicio interválico de alta intensidad es la intervención más consistente y con mejores resultados globales para mejorar la función endotelial, superando al ejercicio aeróbico moderado y ofreciendo beneficios robustos en diferentes perfiles de pacientes.
¿Qué tiene de especial este tipo de entrenamiento? Obliga a los vasos sanguíneos a adaptarse rápidamente a cambios en el flujo de sangre y la presión, lo que entrena su capacidad de respuesta. Es un entrenamiento más completo para unos vasos que necesitan recuperar flexibilidad. Como si se tratara de un músculo que hay que ejercitar: el endotelio se adapta y mejora su capacidad de respuesta ante demandas más exigentes.
Pero estos resultados también llevan una advertencia: este tipo de ejercicio debe realizarse siempre bajo la supervisión de profesionales y ajustado a la situación de cada persona. La prescripción precisa importa tanto como el diagnóstico.
Conocer qué funciona mejor es el primer paso. El siguiente es entender por qué, y cómo trasladarlo a la práctica clínica real. Eso es lo que persigue el proyecto ENDO-R, en marcha en el Centro de Investigación del Deporte de Elche y en el Hospital General de Alicante: comparar distintos métodos de rehabilitación cardiaca en pacientes reales, medir sus efectos sobre la función endotelial y desentrañar los mecanismos biológicos que explican las diferencias.
Porque saber que algo funciona no basta. Hay que saber por qué funciona para poder mejorarlo, personalizarlo y aplicarlo con criterio a cada paciente.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en España y en el mundo. Y sin embargo, la rehabilitación cardiaca — uno de los tratamientos con mayor evidencia para reducir la mortalidad tras un infarto — sigue siendo uno de los recursos más infrautilizados del sistema sanitario.
La ciencia de José Manuel Sarabia apunta exactamente ahí: a demostrar, con datos, que mover el cuerpo de la manera correcta es uno de los mejores remedios que tenemos. Y a poner números a esa certeza para ofrecer a cardiólogos, rehabilitadores y profesionales del ejercicio herramientas más precisas para prescribir ejercicio con seguridad y eficacia.