Usa virus naturales para combatir bacterias multirresistentes a los antibióticos en salud humana, animal y vegetal.
En 2023, las infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos mataron a 24.000 personas en España. En el mundo, ese número se acerca a los cinco millones anuales, y la Organización Mundial de la Salud lleva años advirtiendo de que, si no cambia nada, en 2050 las bacterias multirresistentes serán la primera causa de muerte en el planeta, por delante del cáncer. Es lo que los epidemiólogos llaman la pandemia silenciosa: una crisis que avanza despacio, sin imágenes dramáticas, pero con una contabilidad letal que no para de crecer.
Pilar y Marisa Domingo-Calap llevan más de una década intentando hacer algo al respecto. Son hermanas, son virólogas, son valencianas. Y en 2023 fundaron Evolving Therapeutics, una spin-off de la Universitat de València que desarrolla soluciones para combatir bacterias patógenas usando bacteriófagos: los virus que se alimentan de bacterias, que son las entidades biológicas más abundantes del planeta y que llevan millones de años perfeccionando su capacidad para matar microbios con una precisión que ningún antibiótico puede igualar.
Los bacteriófagos, o fagos, no son un invento reciente. Se descubrieron a principios del siglo XX y se usaron como tratamiento antes de que los antibióticos los desplazaran en los años cuarenta. Durante décadas permanecieron como herramienta marginal en Occidente, estudiados pero no comercializados, mientras los antibióticos resolvían la mayor parte de las infecciones bacterianas. Ahora que los antibióticos empiezan a perder la batalla contra las bacterias que han aprendido a resistirlos, los fagos han vuelto al centro del debate científico y clínico.
La investigación de la Doctora Pilar Domingo-Calap en el Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio), centro mixto de la UV y el CSIC, es uno de los focos europeos de referencia en fagoterapia. Profesora titular de la Universitat de València, Pilar dirige el Laboratorio de Virología Ambiental y Biomédica y ha construido durante años una colección de más de 500 fagos frente a bacterias de interés clínico. Su hermana Marisa, doctora en Biología y Biotecnología Vegetal y con un programa avanzado en dirección y gestión de empresas que le dio la base para gestionar la parte empresarial, se incorporó al proyecto para darle la estructura comercial que la investigación académica sola no puede proporcionar.
El primer empuje económico llegó de la Fundación Respiralia, dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con fibrosis quística: una donación de 180.000 euros que permitió arrancar. La conexión no es casual. Los pacientes con fibrosis quística sufren infecciones pulmonares crónicas por bacterias multirresistentes que los antibióticos convencionales no consiguen eliminar. Los fagos, usados como tratamiento compasivo en esos pacientes, han dado resultados que las propias investigadoras describen como extraordinarios.
Evolving Therapeutics opera bajo el paradigma One Health —salud humana, animal, vegetal y medioambiental como un sistema interconectado— y ofrece dos líneas de servicio diferenciadas. La primera es el desarrollo de soluciones individualizadas: para clientes que tienen un problema bacteriano concreto —una empresa farmacéutica, una instalación ganadera, un cultivo agrícola— la empresa aísla y produce fagos específicos para esa bacteria, diseñando una solución a medida. La segunda es el desarrollo de fagos propios que se licencian o venden a terceros —farmacéuticas, distribuidores— que los comercializan y pagan un porcentaje por cada venta.
Desde su constitución en 2023, la empresa ha facturado más de 300.000 euros y en 2025 cerró su primer ejercicio con beneficios, rozando los 50.000 euros de resultado positivo. Son cifras modestas para una empresa que compite en un mercado global, pero son la demostración de que el modelo funciona. También presta servicios en varios países de Latinoamérica, donde la demanda de alternativas a los antibióticos en ganadería y agricultura es especialmente intensa dadas las restricciones regulatorias sobre su uso.
La empresa ha sido apoyada por Lanzadera, la aceleradora de Juan Roig, y ha captado 100.000 euros de Angels Capital y fondos tanto regionales como el Instituto Valenciano de Competitividad e Innovación, nacionales como el CDTI y europeos como el programa Woman TechEU o el Horizonte Europa. En 2025 ganó el premio FORBES a la innovación y en 2026 el Premio EmprendeXXI en la Comunitat Valenciana.
La tecnología de Evolving Therapeutics funciona. Los tratamientos compasivos realizados con pacientes de fibrosis quística —ya más de media docena— han conseguido eliminar bacterias que los antibióticos no podían. Pero el mercado sanitario humano en Europa tiene un obstáculo que la empresa afronta con paciencia y activismo regulatorio: el uso de fagos como tratamiento no está autorizado por la Unión Europea más allá del régimen compasivo caso a caso. No hay un marco regulatorio que permita comercializarlos como medicamento.
Pilar Domingo-Calap trabaja activamente con la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y con la Agencia Española del Medicamento para contribuir a construir ese marco. El borrador de la guía para uso no humano ya está publicado; la versión definitiva y la extensión al ámbito clínico son el siguiente paso. Cuando ese marco llegue —y la comunidad científica considera que es cuestión de tiempo— Evolving Therapeutics estará en una posición privilegiada: habrá construido la experiencia clínica, la colección de fagos y el modelo de negocio cuando otros todavía estén empezando.
La historia de Evolving Therapeutics es inseparable de la de sus fundadoras. Dos hermanas valencianas, formadas en universidades públicas, que han elegido quedarse en Valencia para construir una empresa de biotecnología de frontera, en un área donde España tiene una ventaja científica real y donde el mercado global está empezando a reconocer que los fagos son parte imprescindible de la respuesta a una de las mayores amenazas sanitarias del siglo.
El conocimiento que sustenta la empresa se generó durante años en el I2SysBio con financiación pública. Ese conocimiento fue transferido a la spin-off mediante un acuerdo con la UV. Y desde esa empresa, con un equipo pequeño y recursos ajustados, está llegando a pacientes que no tienen otra opción, a agricultores que buscan alternativas a los agroquímicos y a ganaderos que necesitan reducir el uso de antibióticos en sus instalaciones.
Eso es, en su versión más directa, lo que las spin-offs universitarias pueden hacer cuando funcionan: traducir la ciencia en soluciones que el mercado todavía no sabe producir solo.