El primer sistema de mapeo cardíaco no invasivo en tiempo real para mejorar el diagnóstico y tratamiento de las arritmias.
Las universidades generan conocimiento. Pero el conocimiento, por sí solo, no cura enfermedades ni crea empleo. Para que eso ocurra, hace falta dar un paso más: convertirlo en empresa. Corify Care es la historia de ese paso.
Fundada en 2019 como spin-off de la Universitat Politècnica de València y el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, Corify Care lleva treinta empleados, ha captado más de quince millones de euros de inversión pública y privada, opera en varios países europeos y Estados Unidos, donde ya ha conseguido la certificación de la FDA. Todo ello a partir de una investigación que empezó en un laboratorio público valenciano hace más de quince años.
El origen de Corify Care está en el Instituto ITACA de la UPV, donde un equipo liderado por la investigadora María S. Guillem y Andreu Climent lleva años trabajando en una pregunta aparentemente técnica pero con consecuencias clínicas enormes: ¿es posible ver la actividad eléctrica del corazón desde fuera del cuerpo, sin necesidad de catéteres ni cirugía?
La fibrilación auricular —la arritmia cardiaca más frecuente, que afecta a más de diez millones de personas solo en Europa— se trata principalmente mediante un procedimiento llamado ablación, que requiere introducir catéteres en el corazón. Es un procedimiento invasivo, costoso y con una tasa de éxito que podría mejorarse sustancialmente si los médicos pudieran ver con precisión el origen del problema antes de intervenir. Eso es exactamente lo que la investigación del grupo ITACA prometía hacer posible.
Pero entre la promesa de un laboratorio y un producto que llega a los quirófanos del mundo hay una distancia enorme. Recorrerla requiere algo que la investigación académica sola no puede proporcionar: una empresa.
En 2019, la UPV y el Hospital Gregorio Marañón dieron el paso. Mediante un acuerdo de transferencia tecnológica, el conocimiento desarrollado en el laboratorio público —de titularidad universitaria— se cedió a una nueva empresa para su comercialización. Así nació Corify Care, con un equipo fundador que combinó desde el primer día perfiles que rara vez se sientan en la misma mesa: ingenieros de telecomunicaciones, cardiólogos clínicos y electrofisiólogos: Andreu Climent, doctor en electrónica por la UPV e investigador Ramón y Cajal, asumió la dirección ejecutiva. Guillem, la dirección científica.. Felipe Atienza, jefe de seccion de investigacion del cadiologia del Marañoncomo director médico.
Esta arquitectura fundacional —investigación de ingeniería y práctica clínica de primer nivel en la misma estructura empresarial— no es un detalle menor. Es la razón por la que ACORYS®, el dispositivo de mapeo cardíaco no invasivo que la empresa ha desarrollado, ha recorrido en cinco años el camino que a muchas tecnologías médicas les lleva décadas: del laboratorio a los ensayos clínicos, de los ensayos clínicos al certificado regulatorio europeo, y de ahí a los hospitales.
ACORYS combina 128 sensores distribuidos sobre el torso del paciente con algoritmos de inteligencia artificial que generan, en menos de diez minutos y sin ninguna intervención invasiva, un mapa completo de la actividad eléctrica del corazón. El sistema ya ha sido utilizado con más de 3.000 pacientes en Europa y EEUU, , y ha sido validado científicamente en ensayos clínicos en el Hospital Gregorio Marañón y en la Mayo Clinic deEstados Unidos.
En julio de 2024, ACORYS® obtuvo el marcado CE (Certificado 2797) bajo la Regulación de Dispositivos Médicos de la Unión Europea. Sus resultados han sido referenciados en la última guía internacional de cardiología sobre ablación de la fibrilación auricular, publicada por la Sociedad Europea y la Americana de Ritmo Cardiaco, así como en la revista de Nature Communications in Medicine. La investigación valenciana forma parte ya del marco científico de referencia mundial en su campo.
El impacto potencial en los sistemas sanitarios es cuantificable. Según los propios promotores de la empresa, la generalización de este enfoque podría suponer un ahorro de cerca del 20% en los costes actuales del tratamiento de arritmias y aumentar en más de un 60% el número de pacientes que se curan. En un contexto de envejecimiento poblacional —y con las secuelas cardiovasculares del COVID-19 todavía presentes—, el mercado global de tecnología para arritmias supera los 4.600 millones de euros anuales y sigue creciendo.
En diciembre de 2024, Corify Care cerró la mayor ronda de financiación de su historia: seis millones de euros, mitad inversión privada liderada por el fondo vasco Clave-Mondragón, mitad subvenciones públicas. La entrada de Mondragón no es solo capital: implica acuerdos con cooperativas del grupo para garantizar capacidad de fabricación industrial a escala, el paso que transforma una startup tecnológica en un proveedor real del sistema sanitario global.
Con esa financiación, la empresa afronta la obtención de la aprobación de la FDA —el requisito para operar en Estados Unidos— y la expansión activa en Alemania y otros mercados europeos. En paralelo trabaja en la siguiente generación de la tecnología, que incorporará gemelos digitales del corazón e inteligencia artificial más avanzada.
La compañía, que empezó con un puñado de personas, ya ha llegado a tener treinta empleados, todos ellos con perfiles altamente cualificados. Es empleo valenciano que no habría existido sin la apuesta de una universidad pública por convertir su investigación en valor económico y social concreto.
El caso de Corify Care ilustra con precisión lo que puede ocurrir cuando la transferencia tecnológica universitaria se toma en serio. No es un proceso automático ni sencillo: requiere investigadores dispuestos a asumir el riesgo de emprender, instituciones con mecanismos ágiles de transferencia, y un ecosistema —inversores, aceleradoras, fondos públicos— capaz de acompañar el crecimiento.
Pero cuando funciona, el retorno es múltiple. Hay retorno económico directo: una empresa que factura, que paga impuestos, que atrae inversión exterior. Hay retorno en empleo cualificado, el tipo de empleo que las economías del conocimiento necesitan para no perder talento. Y hay un retorno que es más difícil de cuantificar pero quizás el más importante: el retorno en vidas mejoradas, en pacientes que se curan donde antes no podían curarse, en médicos que toman mejores decisiones porque tienen mejor información.
Eso es lo que produce, en el mejor de los casos, una spin-off universitaria. Y eso es exactamente lo que está produciendo Corify Care, desde Valencia, para el mundo.