Desde sus inicios, el ser humano ha sentido el deseo de ir más allá de lo que tiene delante. De mirar con más atención, con más profundidad, de entender qué ocurre bajo la superficie. Primero fue nuestro entorno, intentando dar explicación a los fenómenos que nos maravillaban o nos aterrorizaban. Después fue la vida, desentrañando los procesos que la sostienen y la hacen posible, desde las formas más simples hasta las más complejas.
El deseo de comprender cómo funciona la vida desde dentro ha impulsado a generaciones enteras a ampliar su mirada. No basta con observar lo que sucede fuera. Es necesario adentrarse en los mecanismos que operan en el interior de los sistemas vivos, seguir el rastro de procesos que no se perciben a simple vista y entender el delicado equilibrio que sostiene la vida.
En el campus de la Universitat de València (UV) existe una infraestructura dedicada a esa forma de exploración, la Unidad 26 de la Infraestructura Científico Técnica Singular (ICTS) en red NANBIOSIS. Una infraestructura que ofrece soluciones integradas para el diseño, la producción y la caracterización de biomateriales y nanomateriales para una amplia variedad de aplicaciones biomédicas. Aquí, la tecnología permite adentrarse en los mecanismos que hacen posible la vida y comprenderlos con un nivel de detalle excepcional.
La U26 es una infraestructura especializada en resonancia magnética nuclear (RMN), una tecnología que ha transformado la manera de estudiar los sistemas biológicos. Su valor no reside en una sola máquina, sino en la capacidad de aplicar esta técnica para analizar muestras y observar procesos que tienen lugar dentro de organismos vivos.
La resonancia magnética nuclear se basa en el uso de potentes electroimanes superconductores capaces de generar campos magnéticos muy intensos. Bajo su influencia, los núcleos de los átomos que forman las moléculas emiten señales que pueden registrarse y analizarse, ofreciendo información precisa sobre la composición química de una muestra y el comportamiento de sus componentes.
Esa misma tecnología permite también realizar estudios de imagen in vivo, observando el interior de organismos vivos mientras sus procesos biológicos están en funcionamiento, sin necesidad de intervenir ni alterar su equilibrio. Una forma de mirar que respeta la complejidad de la vida y permite estudiarla tal y como ocurre.
La Unidad 26 no desarrolla una línea de investigación propia. Su función es otra, igual de esencial. Actúa como una infraestructura al servicio de la comunidad científica y del tejido innovador, poniendo su capacidad tecnológica a disposición de investigadores y empresas.
Universidades, centros de investigación y entidades privadas encuentran en la U26 un soporte clave para responder preguntas complejas, validar hipótesis y reforzar resultados mediante técnicas de alta precisión. La infraestructura ofrece el entorno y el acompañamiento necesarios para que cada proyecto pueda profundizar un poco más y avanzar con mayor seguridad.
Este modelo convierte a la U26 en un punto de encuentro donde confluyen disciplinas y enfoques distintos, unidos por la necesidad de observar con detalle y de interpretar correctamente los procesos biológicos. Una forma de trabajo que contribuye a fortalecer el ecosistema científico de la Comunitat Valenciana.
Todo lo que ocurre en la U26 se apoya en una infraestructura tecnológica de alta precisión. En el centro de sus capacidades se encuentra un espectrómetro de resonancia magnética nuclear de alto campo, equipado con electroimanes capaces de generar campos magnéticos de hasta 14 teslas, una intensidad capaz de obtener señales claras incluso a partir de muestras complejas.
Gracias a esta tecnología, la unidad puede analizar fluidos biológicos, tejidos y cultivos celulares, obteniendo lecturas detalladas de su composición química y detectando cambios sutiles que ayudan a comprender cómo funciona un sistema biológico.
La misma base tecnológica hace posible los estudios de imagen in vivo. Para ello, la U26 dispone de equipamiento de resonancia magnética preclínica con sensores y sistemas de control diseñados para observar el interior de organismos vivos mientras sus procesos están en marcha, sin causarles daño ni interferir en su funcionamiento natural.
Esta combinación de instrumentación permite trabajar en distintas escalas, desde la química más fina hasta la observación del organismo en su conjunto.
La U26 hace algo que no siempre se percibe desde fuera. Acelera la ciencia sin sacrificar rigor y ofrece a los investigadores la confianza de trabajar con datos sólidos y fiables. En investigación biomédica, esa fiabilidad puede marcar la diferencia entre avanzar o quedarse bloqueado en una hipótesis.
Su actividad se extiende a una amplia comunidad científica, colaborando con más de treinta grupos de investigación y proporcionando acceso a técnicas avanzadas dentro de una red de conocimiento compartido que refuerza la calidad y el alcance de los proyectos.
El impacto de esta infraestructura se refleja en estudios sólidos y en líneas de trabajo que encuentran respuestas donde antes había incertidumbre. Investigaciones que llegan más lejos gracias al soporte tecnológico que ofrece la U26.
Explorar la vida no siempre implica viajar lejos. A veces significa aprender a observar con más atención, a interpretar señales pequeñas y a comprender procesos fundamentales. La ciencia avanza así, apoyándose en infraestructuras capaces de ofrecer claridad y rigor.
La Unidad 26 de la ICTS en red NANBIOSIS representa esa manera de avanzar. Un lugar donde la tecnología se pone al servicio del conocimiento y donde cada análisis contribuye a una ciencia más precisa y conectada con la realidad.
Desde la Comunitat Valenciana, esta infraestructura forma parte de una red que impulsa la investigación y construye futuro. Porque mirar más allá, con las herramientas adecuadas, es la mejor manera de avanzar y de cuidar el conocimiento que está por venir.