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Nostra Ciència

José Antonio Sánchez Zapata

Carrera:

José Antonio Sánchez Zapata es catedrático de Ecología en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Especialista en biodiversidad y servicios ecosistémicos, su investigación conecta conservación, cambio climático y sostenibilidad.

Ha publicado en revistas como Nature o Science, asesora en políticas nacionales e internacionales de biodiversidad y lidera proyectos que combinan innovación tecnológica con la protección de los ecosistemas

El científico que escucha
a la naturaleza

Nuestro planeta es un mundo de contrastes. Desde las calientes y rosadas salinas de Santa Pola, en las que los flamencos dibujan círculos sobre el agua quieta, hasta las heladas montañas de los Himalayas con sus escarpados picos que parecen rasgar el cielo. De la sequedad extrema del desierto del Gobi, donde la vida se aferra a la mínima gota de humedad, a las blancas cumbres de Sierra Nevada, cinceladas por el frío con una paciencia ancestral.

La naturaleza es un espectáculo de variedad, donde cada ecosistema evoluciona al ritmo de su entorno. Aves migratorias que siguen rutas ancestrales guiadas por corrientes invisibles; insectos que, como un ejército silencioso, sostienen el equilibrio del mundo microscópico; plantas que brotan en los lugares más inhóspitos, desafiando nuestra idea de lo que significa vivir.

Es un lenguaje milenario que escribe historias anteriores incluso a la humanidad.

La Comunitat Valenciana forma parte de ese relato global. La brisa suave acariciando los pinos en sus sierras, el perfume del tomillo en una mañana de primavera, el latido invisible de la biodiversidad que sostiene cada forma de vida en un equilibrio precioso y frágil. Y es aquí, en este equilibrio natural, donde trabaja José Antonio Sánchez Zapata, ecólogo, investigador y profesor en la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH).

Su oficio no es solo estudiar la naturaleza, sino escucharla; comprender cómo la biodiversidad sostiene los ecosistemas, cómo los paisajes cambian bajo el peso del clima y cómo el conocimiento y la ciencia pueden convertirse en aliados para proteger lo que aún nos queda.

De la curiosidad al compromiso

La vocación de Sánchez Zapata nació al aire libre, en contacto con la vida silvestre. Desde sus primeros estudios, entendió que la ecología no se limita a los libros, sino que se aprende con los pies en el suelo y la mirada en el horizonte.

Doctor en Biología y Premio Extraordinario de Doctorado, pronto empezó a destacar por su forma de unir ciencia rigurosa y sensibilidad ambiental. Sus investigaciones, publicadas en revistas como Nature, Science o Global Change Biology, han dado forma a políticas de conservación y decisiones internacionales sobre biodiversidad, planificación energética y cambio climático.

Pero detrás del investigador de prestigio internacional hay también un explorador: ha recorrido desiertos africanos, mesetas americanas y cordilleras asiáticas, siempre buscando las claves que conectan los ecosistemas del mundo con los del Mediterráneo. Desde 2005, lidera en la UMH un grupo de investigación pionero en Ecología y Conservación de la Biodiversidad, con una red de colaboradores que abarca más de 25 países.

 

El tejido invisible de la vida

Cada especie, cada planta, cada ave migratoria forma parte de un entramado invisible que mantiene el mundo en equilibrio. Sánchez Zapata se dedica a descifrar ese tejido, a entender cómo la pérdida de una sola pieza puede alterar todo el sistema.

Sus investigaciones exploran la relación entre biodiversidad, funcionamiento de los ecosistemas y los llamados “servicios ecosistémicos”: los beneficios —a menudo silenciosos— que la naturaleza nos brinda cada día. Desde la polinización hasta la purificación del aire o la regulación del agua, su trabajo muestra que cuidar la biodiversidad no es un gesto romántico, sino una cuestión de supervivencia.

Para él, la ecología no es una ciencia de laboratorio, sino un puente entre el conocimiento y la tierra. Sus proyectos —muchos financiados por la Unión Europea, la Generalitat Valenciana y el Gobierno de España— analizan cómo los sistemas tradicionales, como la ganadería extensiva, pueden convertirse en aliados frente al cambio climático, conservando la biodiversidad mientras sostienen la vida rural.

Ciencia que observa desde el cielo

La naturaleza se cuenta desde muchos ángulos: a ras de suelo, entre juncos y polvo; pero también desde el aire. En su grupo, Sánchez Zapata combina el trabajo de campo con herramientas de vanguardia: collares GPS que siguen los movimientos del ganado o de aves carroñeras; teledetección satelital que permite medir la huella del cambio global; modelos informáticos que predicen el comportamiento de los ecosistemas.

Desde su laboratorio en Elche, la ciencia se expande por el planeta en imágenes de satélite y datos que cruzan fronteras. Cada punto luminoso en la pantalla es un fragmento de vida: una bandada en vuelo, una pradera que se seca, un bosque que resiste.

Esa mirada tecnológica no sustituye al contacto con la tierra: lo complementa. Permite entender mejor cómo los sistemas naturales responden a las presiones humanas, cómo se reorganizan, cómo se adaptan. Porque escuchar a la naturaleza, hoy, también significa traducir su lenguaje en datos, mapas y conocimiento.

 

Cuando la ciencia se convierte en cuidado

Sánchez Zapata defiende que conservar la biodiversidad no es un lujo, sino una forma de cuidar el futuro. Sus proyectos buscan reconciliar dos grandes retos del siglo XXI: la necesidad de energía limpia y la protección de los ecosistemas. Desde la planificación de parques eólicos y solares hasta la creación de corredores biológicos, su equipo trabaja para que el progreso no implique pérdida, sino equilibrio.

Como asesor científico del Gobierno de España y colaborador de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de la ONU (IPBES), su voz se escucha en foros donde la ciencia se transforma en acción.

Pero quizá su mayor logro no está solo en los datos ni en las publicaciones, sino en su capacidad para inspirar a nuevas generaciones de ecólogos: jóvenes que entienden que proteger la naturaleza también significa protegernos a nosotros mismos.

El eco de la vida

Al caer la tarde, en los campos de Elche o en las montañas eternas de la Patagonia, el paisaje parece hablar un idioma antiguo. Los sonidos de la naturaleza —el zumbido de los insectos, el agua que corre, el vuelo de un ave— son notas de una sinfonía que lleva milenios componiéndose.

José Antonio Sánchez Zapata escucha ese lenguaje con atención. En cada hoja que se seca, en cada especie que migra, en cada sombra proyectada por un satélite, encuentra una historia que contar y una advertencia que atender.

Su ciencia no busca domesticar la naturaleza, sino entenderla. No pretende imponer soluciones, sino aprender de los propios ecosistemas cómo adaptarnos, cómo resistir, cómo sanar.

Desde la Universidad Miguel Hernández de Elche, su trabajo nos recuerda que aún estamos a tiempo de escuchar a la tierra antes de que calle. Que la tecnología, cuando nace del respeto, puede ser una aliada de la vida. Y que, quizás, la mayor sabiduría de un científico no sea hablar… sino saber escuchar.

 

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