Pablo P. Boix es doctor en Química e investigador en el Instituto de Tecnología Química (ITQ, UPV-CSIC). Formado en la Universitat de València y con estancias internacionales, ha orientado su carrera al diseño de catalizadores y procesos químicos capaces de transformar materias primas en energías limpias.
Su investigación se centra en el desarrollo de reactores y tecnologías que convierten residuos, biomasa o dióxido de carbono en combustibles sostenibles, impulsando una transición energética más eficiente y respetuosa con el medio ambiente.
La energía es la sangre secreta de la civilización. No se ve, pero recorre todo lo que hacemos: enciende las ciudades al anochecer, pone en marcha los trenes que atraviesan campos y montañas, calienta hogares en invierno y mantiene con vida a hospitales enteros. Durante siglos la obtuvimos del fuego y del carbón, del petróleo y del gas. Ese pulso nos hizo avanzar, pero también dejó cicatrices: cielos cargados de humo, mares heridos, el clima que ya no guarda silencio.
Desde Valencia, el Doctor Pablo P. Boix busca cambiar esa historia. Su trabajo propone que la energía del mañana no deje huellas oscuras, sino un horizonte limpio donde progreso y planeta caminen de la mano.
Formado en la Universitat de València y con experiencia en centros de referencia internacional como la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), Boix ha dedicado su vida a estudiar cómo la materia puede transformarse en fuente de energía limpia. Allí donde otros ven gases o residuos, él percibe potencial: moléculas que esperan una chispa adecuada para convertirse en calor, electricidad o combustible sin dejar tras de sí un lastre de contaminación.
Hoy, como investigador científico en el Instituto de Tecnología Química (ITQ, UPV-CSIC), lidera un equipo que explora la frontera de los materiales fotovoltaicos, convencido de que el futuro energético pasa por materiales innovadores, procesos sostenibles y tecnologías que sepan dialogar con la naturaleza en lugar de enfrentarse a ella.
En su laboratorio, la energía nace a partir de catalizadores y nuevos compuestos que guían reacciones químicas con precisión y elegancia. Son como llaves microscópicas que abren puertas cerradas en el mundo de los átomos, permitiendo que algo tan común como el agua, el sol o el dióxido de carbono se conviertan en nuevas formas de energía.
Entre esos compuestos destacan las perovskitas: estructuras cristalinas que poseen propiedades semiconductoras extraordinarias, capaces de convertir la luz en electricidad con eficiencias que rivalizan —e incluso superan— a las de los paneles solares tradicionales. Más aún: su versatilidad permite imaginar placas solares flexibles, ligeras, semitransparentes, capaces de integrarse en ventanas, tejados o dispositivos portátiles.
El reto, sin embargo, es tan grande como su promesa: las perovskitas se degradan más rápido que el silicio convencional. Y ahí entra el proyecto Phoenix PV, con el que Boix ha obtenido la prestigiosa ERC Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación.
Phoenix PV busca algo inédito: desarrollar células solares que sean capaces de autoregenerarse y repararse. Comprender las rutas de degradación de las perovskitas permitirá diseñar mecanismos que prolonguen su vida útil o incluso tratamientos que las devuelvan a la vida cuando ya parecen agotadas. De este modo, no solo se reducirá el coste de producción, sino también el desperdicio asociado a los módulos solares actuales, convirtiendo lo efímero en duradero, y el desecho en recurso renovable.
Lo que impulsa a Boix no es solo la fascinación por la química, sino la convicción de que la energía puede ser también un acto de cuidado. Frente a un mundo amenazado por el cambio climático, sus investigaciones ofrecen alternativas tangibles: paneles solares más sostenibles, procesos que prolongan el ciclo de vida de los materiales, tecnologías que transforman residuos en recursos y devuelven esperanza allí donde la incertidumbre parecía imponerse.
Porque la energía del mañana no debería ser un enemigo al que temer, sino una aliada que acompañe la vida humana sin amenazarla.
Desde la Comunitat Valenciana, tierra que aprendió a sacar fuerza del sol y del mar, el Doctor Pablo P. Boix proyecta al mundo una visión luminosa del futuro. Un mañana en el que las ciudades respiren aire limpio, los océanos no sean vertederos y la palabra “progreso” no esté asociada a destrucción.
Su trabajo nos recuerda que la energía es más que un recurso: es el pulso que sostiene nuestro modo de existir. Y que transformar la manera en que la producimos y consumimos no es un lujo, sino una responsabilidad. Porque el futuro de la energía no se mide en kilovatios, sino en la capacidad de la ciencia para reconciliarnos con el planeta que nos sostiene.