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Nostra Ciència

CubeSAT PoliTech-1

Proyecto:

Este proyecto busca democratizar el acceso al espacio con el desarrollo del primer CubeSat diseñado e integrado en la Comunitat Valenciana. Este nanosatélite es capaz de observar la Tierra, estudiar la radiación cósmica y poner a prueba nuevas tecnologías de comunicación, consolidando una infraestructura científica e industrial que sitúa a la Comunitat en el mapa de la innovación aeroespacial.

Investigadores:

Campo:

Tecnología | astronomía, ingeniería aeroespacial, radiofrecuencia y telecomunicaciones

ODS 9 : Industria, Innovación e Infraestructura

MAP Valencia TEAL

Universitat Politècnica de València (UPV)

Valencia, Valencia

Cuando nuestra tierra
mira al cielo

En un taller iluminado por el brillo blanco de los fluorescentes, las manos de los ingenieros parecen bailar sobre placas de circuitos y antenas tan delicadas como las alas de una libélula. Afuera, la brisa del Mediterráneo acaricia los naranjos, ajena a que, detrás de esas paredes, está naciendo un viajero que pronto dejará la Tierra para tocar el cielo.

Ese viajero se llama PoliTech-1, un CubeSat de apenas unos kilos y más pequeño que una caja de zapatos, forrado con paneles solares azulados que brillan a medio camino entre lapislázuli y zafiro. Pero en su interior late un corazón tecnológico capaz de mirar a nuestro planeta, escuchar la voz del cosmos y, tal vez, revelar dónde se oculta la vida más allá de la atmósfera. Será el primer satélite construido y lanzado en la Comunitat Valenciana.

Una nueva visión del espacio

Durante décadas, la exploración espacial fue dominio de gigantes: agencias con presupuestos astronómicos y cohetes monumentales que parecían arrancados de novelas de ciencia ficción. Pero el movimiento New Space ha trastocado ese monopolio, llevando el espacio a manos de universidades, centros de investigación y pequeñas empresas.

En este nuevo escenario, los CubeSats —satélites que pesan menos de 10 kg— se han convertido en los heraldos de una democratización inédita del acceso a la órbita. Pequeños laboratorios que, pese a su fragilidad y corta vida útil, pueden replicar buena parte de las funciones de sus hermanos mayores. Su coste reducido y rapidez de desarrollo los convierten en armas perfectas para la ciencia y la innovación.

 

Multitarea en la órbita baja

PoliTech-1 es más que un satélite: es una coreografía tecnológica compuesta por tres sistemas que trabajan al unísono para observar y comprender.

En la cúspide de su misión está GEODEYE, una cámara telescópica que retrata la Tierra con la delicadeza de un pintor impresionista, revelando cultivos, costas y cambios ambientales invisibles desde el suelo. Mientras tanto, LEON, un detector de neutrones y rayos gamma, escucha la radiación cósmica como si fuera música de fondo del universo, mapeando su clima y rastreando la huella del agua en planetas lejanos. Y cerrando el círculo, HiDAC, el enlace de comunicaciones en banda C, actúa como el mensajero infatigable que transmite esos datos a la Tierra a 2 megabits por segundo, domando la distancia y el silencio del vacío.

Juntas, estas tres miradas componen una danza celeste que convierte a PoliTech-1 en algo más que un experimento técnico: es la materialización de una visión que entrelaza historia, ciencia, naturaleza y tecnología, abriendo una nueva frontera de exploración para la Comunitat Valenciana.

La Comunitat Valenciana despega hacia el espacio

Aunque PoliTech-1 todavía se encuentra en fase de fabricación y pruebas, todo apunta a que su viaje podría alinearse con el lanzamiento del Miura 5, el cohete desarrollado por la empresa alicantina PLD Space, que despegará desde Elche como parte del European Launcher Challenge de la Agencia Espacial Europea.

El objetivo: situarlo en una órbita polar, entre 400 y 500 kilómetros de altura, desde donde podrá observar cada rincón del planeta en sus barridos diarios. Desde allí, el CubeSat será un centinela valenciano, transmitiendo datos que viajarán como versos invisibles hasta las antenas de la Universitat Politècnica de València.

Estos primeros pasos no representan solo el nacimiento de un satélite, sino la puesta en marcha de una infraestructura espacial propia en la Comunitat Valenciana. El desarrollo del PoliTech-1 es solo el principio de una serie de hitos que sitúan a nuestra tierra en el mapa de la innovación aeroespacial. Cada nuevo proyecto fortalece un ecosistema en el que la ingeniería, la investigación y la industria caminan de la mano.

 

Un tejido científico valenciano en órbita

En torno a este sueño gravita una constelación humana y tecnológica sin la cual nada de esto sería posible. En la UPV, el Grupo de Aplicaciones de Microondas (GAM) lleva más de 25 años afinando antenas y sistemas de radiofrecuencia para que puedan sobrevivir a la dureza del espacio. El Instituto de Física Corpuscular (IFIC-CSIC-UV) aporta su maestría en el estudio de la radiación cósmica, diseñando detectores tan compactos como precisos.

A su alrededor, empresas valencianas especializadas en electrónica de alta frecuencia, integración de sistemas y control térmico suman su experiencia. Es una orquesta en la que cada instrumento tiene un papel único: desde los ingenieros que calibran el pulso de una antena hasta los técnicos que prueban el satélite en cámaras que simulan el vacío espacial.

En medio de este entramado, figuras como Vicente Boria Esbert, catedrático de telecomunicaciones espaciales, aportan no solo dirección técnica, sino el impulso humano necesario para mantener el rumbo. No se trata de un esfuerzo aislado, sino del germen de una industria espacial valenciana que, paso a paso, comienza a tallar su nombre en el firmamento.

El amanecer espacial de nuestra tierra

Llegará el día en que no solo el PoliTech-1, sino toda una generación de satélites, surquen el cielo impulsados por cohetes nacidos en la Comunitat Valenciana. Desde las llanuras de Elche o las costas alicantinas, se alzarán hacia la órbita como flechas de luz, atravesando la madrugada mientras el Mediterráneo despierta con destellos dorados sobre sus olas.

Cuando los motores se enciendan y el estruendo sacuda el aire, recordaremos aquel primer hito: el momento en que PoliTech-1 desplegó sus paneles solares azulados y, con un susurro eléctrico, comenzó a latir en el vacío. Desde su órbita baja, será testigo de auroras polares, tormentas sobre los océanos y noches enteras iluminadas por ciudades que parecen constelaciones terrestres.

Y aunque en otros rincones del mundo estos lanzamientos puedan parecer rutina, aquí, en la Comunitat Valenciana, cada misión será un recordatorio de que lo imposible estaba más cerca de lo que creíamos. Será la prueba de que desde nuestra tierra se pueden diseñar y lanzar satélites, soñar con universos cercanos, formar ingenieros, inspirar estudiantes y, sobre todo, confirmar que lo pequeño, cuando se atreve a mirar hacia arriba, puede ser verdaderamente gigantesco.

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