Nostra Ciència

CIRTESU

Área científica:

Tecnología | robótica, ingeniería, biología marina, ecología

MAP Castello TEAL

Universitat Jaume I de Castelló (UJI)

Castellón de la Plana, Castellón

Donde la ciencia
se sumerge

Por debajo de la superficie marina, todo cambia. La luz se curva. El sonido se espesa. Las reglas de la física se ajustan. Y, en silencio, la tecnología aprende a respirar como si fuera vida.

En una nave de líneas limpias, junto al campus de la Universitat Jaume I de Castelló, existe un espacio donde el agua no es solo un elemento: es un lenguaje. Un lugar donde la ciencia no se formula en pizarras, sino que se sumerge —literalmente— dentro de un millón de litros de agua salada.

Su nombre es CIRTESU (Centro de Investigación en Robótica y Tecnologías Subacuáticas), y su vocación es tan profunda como el medio que explora.

La nave azul

Al cruzar la puerta del CIRTESU, no es difícil olvidar que uno está en tierra firme. Todo lo que nos rodea —el olor salino, el eco húmedo, la luz azulada que suavemente empapa las paredes— nos hace sentir que estamos dentro de una base submarina a cientos de metros bajo el mar.

El sonido de nuestras pisadas reverbera por toda la nave a medida que caminamos hacia la atracción principal: un tanque central, con 12 metros de largo y 5 de profundidad, que ocupa buena parte del edificio. Sus paredes de hormigón liso, su interior silencioso y oscuro, y su superficie rizada por suaves corrientes artificiales lo convierten en una especie de océano domesticado.

Pero este océano no está poblado por peces, sino por robots autónomos que se sumergen en él para aprender a moverse como organismos vivos en el entorno más hostil y fascinante de nuestro planeta: el fondo marino.

 

Bajo el agua: inteligencia en movimiento

En el interior del tanque, un objeto se desliza con elegancia. No parece un robot. Se asemeja más a una criatura acuática, diseñada para moverse sin hacer olas. Es el Girona 500, un vehículo autónomo desarrollado en colaboración con la Universitat de Girona. Dotado de cámaras estereoscópicas, sónar, luces LED y un brazo articulado, este robot es capaz de «ver» en la oscuridad, orientarse mediante métodos de ecolocalización y manipular objetos como si tuviera intuición.

En los márgenes del tanque, técnicos e ingenieros observan sus movimientos desde ordenadores conectados por fibra óptica. Coordinados por investigadores como Pedro J. Sanz, especialista en inteligencia artificial, cada prueba forma parte de una coreografía muy ensayada que se repite cientos de veces, optimizando cada ligero movimiento hasta rozar la perfección.

Pero el Girona 500 no está solo. Lo acompañan otros prototipos más pequeños, muchos de ellos experimentales, que danzan controladamente en busca de nuevas cimas en la robótica submarina.

Es el caso del prototipo de pez robótico, un proyecto de robótica blanda inspirado en la naturaleza y desarrollado en parte bajo la dirección de la experta en diseño sostenible: Rosario Vidal. Este pequeño nadador artificial imita forma, colores y movimiento de los peces reales para integrarse sin ser detectado. Su objetivo: recopilar información ambiental valiosa en las granjas marinas —temperatura, pH, salinidad, niveles de oxígeno— sin alterar el comportamiento de los animales.

Tecnología valenciana para un mar global

Pero en CIRTESU, los proyectos no solo nadan en tanques experimentales. Desde inspecciones submarinas en PortCastelló para detectar el desgaste de pilotes y estructuras portuarias, hasta robots terrestres desarrollados durante la pandemia para entregar medicación a pacientes en aislamiento hospitalario, este centro se enfoca en resolver problemas concretos de la Comunitat Valenciana.

Los proyectos nacen de la colaboración entre múltiples campos: fluidos multifásicos, inteligencia artificial, ingeniería del diseño, biología marina. Un enfoque que impulsa investigadores como Sergio Chiva, que estudia cómo los fluidos se comportan en entornos complejos y variables como el mar.

Porque CIRTESU no es un centro futurista extranjero. Es 100% valenciano, nacido bajo la sombra de la huerta de Castelló, y sus investigaciones buscan mejorar la acuicultura valenciana cuidando nuestra fauna marina, mientras estudiamos y entendemos mejor a nuestro mar mediterráneo. Aquí la tecnología se adapta al medio, al reto, al momento.

 

Una comunidad que trabaja con las manos en el agua

En CIRTESU, la ciencia no es solo una idea: es un gesto, un ritmo, una práctica diaria.

Aquí confluyen mentes brillantes de diferentes ámbitos que, como si de una orquesta se tratara, trabajan al unísono para resolver los retos del mar y de nuestra Comunitat.

Ingenieras como Rosario Vidal, que diseñan como si esculpieran en agua. Expertos en fluidos como Sergio Chiva, que interpretan las corrientes como quien lee una partitura compleja. Y científicos como Pedro J. Sanz, que afinan los sensores de los robots como si fueran instrumentos musicales de precisión. Todos compenetrados en la labor silenciosa de imaginar soluciones que aún no existen.

CIRTESU no es solo un centro de investigación. Es un lugar donde la tecnología se toca, se moja, se ensaya con rigor y con esperanza. Un espacio interdisciplinar donde las fronteras entre disciplinas se disuelven como sal en el agua.

El Mediterráneo como laboratorio y hogar

El mar que baña nuestras costas es más que un paisaje: es herencia, identidad, futuro. Ha inspirado a generaciones de pescadores, poetas, filósofos, pero también ha sufrido. La contaminación, el calentamiento de sus aguas, la pérdida de biodiversidad. Todo eso lo ha ido erosionando.

Desde Castelló, CIRTESU mira al Mediterráneo no solo como entorno de estudio, sino como patrimonio compartido. Sus robots no solo exploran, también escuchan. Sus tecnologías no solo miden, también comprenden. Porque cuidar del mar es cuidar de nuestra cultura, de nuestra economía, de nuestra forma de vivir.

Y quizás —solo quizás— en cada onda que agita el tanque de pruebas, en cada burbuja que sube desde el fondo, se escuche un mensaje del futuro:
Una ciencia arraigada a su tierra, que avanza sin olvidar de dónde viene. Una ciencia con acento valenciano que sueña con transformar el mundo desde el mar.

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