Ethel Queralt Badía es doctora en Bioquímica e investigadora en el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV CSIC), dentro del programa Plan GenT.
Su investigación se centra en el ciclo celular y el síndrome de Cornelia de Lange.
Ha desarrollado una trayectoria internacional con publicaciones en Cell o Nature Communications, y dirige proyectos científicos, tesis doctorales y acciones de divulgación.
Hay lugares donde la luz tiene un lenguaje propio. Una forma de posarse sobre las cosas que no busca protagonismo, pero lo transforma todo. En ciertos rincones del Mediterráneo —donde el mar no está lejos y el aroma a azahar flota incluso en invierno—, esa luz parece casi biológica: algo que lo conecta todo, que crece, que muta, que se divide.
Desde ese paisaje suave y silencioso, con raíces firmes en la Comunidad Valenciana, la doctora Ethel Queralt Badía observa otro tipo de luz: la que se revela cuando una célula se divide. Es invisible a los ojos, pero clara bajo el microscopio. Una danza de estructuras, proteínas y decisiones genéticas que construyen las bases para el equilibrio de la vida.
Bióloga celular e investigadora con una trayectoria internacional consolidada, Ethel Queralt lidera desde el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV CSIC) una línea de investigación pionera sobre el síndrome de Cornelia de Lange (CdLS), una enfermedad genética rara y compleja que afecta a múltiples sistemas del desarrollo. Su trabajo, riguroso, delicado y profundamente humano, tiene el potencial de transformar la vida de cientos de familias en todo el mundo.
Ethel se formó en la Universidad de Valencia, donde ya desde su etapa como estudiante se sintió fascinada por la capacidad de las células para autorregularse. Su tesis doctoral, dirigida por el Dr. Juan Carlos Igual, se centró en un momento decisivo del ciclo celular: la transición G1/S, ese instante en que una célula decide si se divide o permanece en reposo. Su investigación, publicada en Molecular and Cellular Biology y en Genetics, fue premiada por la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular como el mejor trabajo de tesis nacional.
Poco después, su carrera la llevó a abandonar las soleadas tierras valencianas para trabajar como investigadora postdoctoral en el Cancer Research UK, en Londres. Allí, en el laboratorio del Dr. Frank Uhlmann, se adentró en el mundo de la cohesina, una proteína clave que actúa como un lazo molecular entre las copias del ADN antes de que una célula se divida. Ethel descubrió que las proteínas mitóticas, conocidas por asegurar la correcta segregación de los cromosomas, también participan en otros procesos esenciales dentro de la célula. Era un hallazgo que abría nuevas preguntas… y nuevas rutas de exploración.
El síndrome de Cornelia de Lange no es común, pero sus efectos son profundos: alteraciones físicas, dificultades de desarrollo cognitivo, problemas digestivos, malformaciones… Las causas están en el corazón de la célula: mutaciones en los genes que controlan la cohesina y otras proteínas reguladoras del genoma.
La doctora Ethel Queralt lleva años dedicándose a entender este trastorno desde su raíz molecular. Lo hace desde el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV CSIC), en el marco del programa de excelencia Plan GenT de la Generalitat Valenciana. Allí, su equipo trabaja con fibroblastos derivados de pacientes con CdLS: células extraídas del propio cuerpo que, puestas en cultivo, permiten estudiar en tiempo real cómo se comporta el genoma afectado.
Sus investigaciones recientes —publicadas en revistas como Nature Communications— revelan cómo las alteraciones en cohesina y proteínas asociadas no solo comprometen la integridad cromosómica, sino que afectan a la forma en que el ADN se pliega y se lee. Como si el libro de instrucciones del cuerpo estuviera arrugado y ciertas páginas quedaran ocultas, mal interpretadas o completamente ilegibles.
Pero lo más esperanzador es que la doctora Queralt y su equipo han logrado algo inaudito: introducir una versión funcional del gen mutado en las células de los pacientes y observar cómo algunas funciones celulares comienzan a normalizarse. No es una cura. Aún no. Pero es una primera ventana hacia posibles terapias basadas en corrección genética.
Además de investigadora, Ethel está comprometida con formar nuevas generaciones de científicos. Desde 2008 ha dirigido siete tesis doctorales y cinco postdoctorados, con varios de sus antiguos alumnos trabajando en prestigiosos centros de todo el mundo. También ha sido jurado en más de 25 tribunales de tesis doctorales, y participa en la formación de estudiantes de diferentes universidades a nivel nacional. Todos recuerdan su forma de liderar: rigurosa pero cercana, exigente pero humana.
Pero Ethel no se limita al entorno académico. Ha demostrado que la divulgación científica es una herramienta poderosa para acercar el conocimiento a la ciudadanía. Imparte charlas en institutos, participa en eventos como la Noche Europea de la Investigación o la Semana de la Ciencia, y colabora en canales de YouTube como el del Instituto de Biomedicina de Valencia. Su objetivo: que la ciencia deje de ser un territorio lejano y se convierta en una parte viva de nuestra cultura.
Desde su oficina del IBV, Ethel puede observar cómo la vegetación de los Jardines de Viveros insiste en crecer con el paso del tiempo. Como sus células. Como sus ideas. Como su compromiso con una ciencia que no se limita a publicaciones académicas o artículos científicos, sino que sale a la calle y se pregunta: ¿cómo puede esto mejorar nuestras vidas?
Desde su tierra natal, Ethel Queralt ha construido una carrera científica que aúna excelencia, pasión y retorno social. Su trabajo conecta la precisión molecular con el deseo de sanar. Y lo hace con ese tipo de luz —difusa, clara, persistente— que no busca protagonismo, pero que transforma.
Como las células que estudia, que se dividen para multiplicar la vida, su ciencia crece y se extiende, tocando futuros que aún no han comenzado.